mié. Nov 20th, 2019

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Especial de Tax Solutions  para el Tributarista.com

Por una parte, un sector particular está interesado en sacarle el jugo a la economía naranja a través de los diferentes incentivos y beneficios tributarios, no obstante, algunos literatos consideran que la mercantilización de la cultura es una destructiva banalización.

En el artículo anterior sobre economía naranja, surgió la inquietud acerca de ¿Quienes realmente pertenecen a este sector y quienes estarían exentos de las cargas tributarias?, pues bien, la ley 1834 del 2017 o en otro término “Ley Naranja” queda claro que estas serían entendidas como aquellas industrias que generan valor en razón de sus bienes y servicios, las cuales se fundamentan en la propiedad intelectual.

No se puede mercantilizar algo tan abstracto como lo es la cultura, que merezca ser encasillada dentro de la matriz del mercado y dejar sus objetivos humanísticos por unos comerciales y económicos.

ANTONIO CABALLERO, ESCRITOR Y PERIODISTA

Ahora con la nueva ley de financiamiento o reforma tributaria de diciembre de 2018, se establecieron unos requisitos mínimos para acceder a los beneficios de pertenecer al sector de economía naranja como lo son los incentivos tributarios, los créditos, las capacitaciones administrativas y promoción de mercadeo. Para esto, lo más importante a cumplir es generar mínimo 3 empleos y hacer una inversión de al menos $ 150 millones de pesos.  Adicionalmente, es importante:

  • Tener su domicilio principal en Colombia y tener por objeto social exclusivo el desarrollo de industrias de valor agregado tecnológico y/o actividades creativas.
  • Estar constituidas e iniciar su actividad antes del 31 de diciembre de 2021.
  • Tener en cuenta que, dentro de ese mínimo de generar 3 empleos, los administradores de la sociedad no califican como empleados para efectos de exención de renta que plantea la ley.
  • Deben presentar su proyecto de inversión al Comité de Economía Naranja del Ministerio de Cultura, justificando viabilidad financiera, conveniencia económica y calificación como actividad de economía naranja. 
  • La inversión no puede ser inferior a 4.400 UVT (más de 150 millones de pesos) y en un plazo máximo de 3 años gravables. De no lograr el monto de inversión se pierde el beneficio a partir del tercer año, inclusive.

De esa manera y con estas “obligaciones” se reduciría notablemente la brecha de industrias creativas que desean aprovechar los incentivos, pero que no cumplen con todos los requisitos.

Por otro lado, también han surgido contradicciones de esta ley o implementación de la Economía Naranja por parte de escritores, periodistas y artistas reconocidos en Colombia; “no se puede mercantilizar algo tan abstracto como lo es la cultura, que merezca ser encasillada dentro de la matriz del mercado y dejar sus objetivos humanísticos por unos comerciales y económicos.” Antonio Caballero.

Otro aspecto para cuestionar es la concentración de las industrias creativas en unas pocas ciudades del país como Bogotá, Medellín y Cali. Entre el 2010 y 2016, la participación promedio del campo cultural de la capital frente al campo cultural de otras zonas del país fue del 55,6%.

El gobierno entonces debe preocuparse por hacer que la economía naranja se expanda a nivel regional y local, que llegue hasta las zonas rurales, que sus beneficios se muevan hasta el último rincón del país.

Al momento el Gobierno de Iván Duque ya puso en marcha un plan para coordinar dicho sector a manos de David Melo el nombrado viceministro de economía naranja con el objetivo de socializar este sector y que será coordinado por el Ministerio de Cultura.

Ahora bien, en la idea de socializar la economía naranja y de dar a conocer una decisión ya tomada surgen otras inquietudes y son ¿Dónde está el diálogo con el sector cultural? ¿Cómo perciben artistas y creadores, gestores y administradores culturales, esta reforma que ya puso a ejecutar el Gobierno? ¿Qué opinan de su forma, su contenido y su posible impacto? O ¿Están el gobierno y su política naranja suficientemente conectados con los deseos y las frustraciones de quienes hacen o viven en la cultura?

De acuerdo a Antonio Caballero en una entrevista para la revista cultural Arcadia, la propuesta cultural del presidente Duque, la multiplicidad de la cultura se reduce a su mínima expresión: “la cultura es para vender” lo que para Caballero significa una visión muy mezquina, de algo que cubre el abanico de lo humano, que se olvida de su sentido humanístico y la antepone como industria productora de bienes de consumo.

Gran parte de sus políticas se centran en la economía, como ya se ha mencionado, a través de créditos, incentivos tributarios, capacitación administrativa, promoción de competencias emprendedoras y mercadeo, sin embargo, a pesar de los mencionados beneficios se siente menos fuerza en las dimensiones sociales y culturales de las industrias creativas; es pertinente impulsar los espacios de producción creativa sin interés comercial.

Es importante entonces que las políticas de Economía Naranja, integren o si se quiere, que se trasladen de lo meramente económico hacia un enfoque de desarrollo humano. Ya que según el reconocido periodista Germán Rey “No todo lo cultural existe en la perspectiva de la comercialización y la pervivencia en el entorno de los mercados”

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